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Bosque Circular es una instalación inspirada en los montículos
mágicos irlandeses o ringforts, lugares de poder destinados ya desde
la prehistoria a ceremonias funerarias y frecuentados por los primeros druidas
en sus rituales. Hoy día los encontramos recubiertos de florestas de abedules,
hayas, fresnos, espinos y castaños, en algunos casos tan tupidas que resultan
inaccesibles. Según la leyenda, estos
extraños montículos -de redondez casi perfecta- constituyen una
puerta al mundo de los Tuatha dé Danann, ancestrales moradores mágicos
de Irlanda que, derrotados por los invasores celtas, decidieron trasladar su reino
bajo tierra. Para muchos, estos enigmáticos seres inmortales no son otros
que los mitológicos shee, término que hace referencia a espíritus
poderosos -dignos de respeto e incluso de temor- que viven dentro de estas colinas
en magníficas mansiones, donde disfrutan de todas las comodidades y placeres
humanos. De su origen nada se sabe de cierto, aunque algunos los consideran ángeles
del ejército de Luzbel que cayeron del cielo quedando anclados en la tierra
al ser demasiado ligeros -y no suficientemente perversos- como para descender
a los infiernos. Se les llama popularmente
la buena gente o los gentiles , haciendo referencia a la amabilidad
de la que son capaces cuando están de buenas y se les trata bien; pero
pueden ser auténticamente temibles si se sienten maltratados u ofendidos,
especialmente cuando se interfiere con sus montículos mágicos u
árboles feéricos. La instalación
recrea el ambiente y el misterio de estas florestas no sólo a nivel visual
sino también auditivo, a través de las enigmáticas melodías
de la compositora Eva Gancedo. Es una invitación a caminar por una maraña
de colores, luces, sombras y notas musicales, disfrutando unos instantes de este
extraño mundo paralelo, tan presente aún en la Irlanda rural. |
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